“Nunca había visto un libro de texto en mi vida. ¿Y ahora qué?”
Ayesha Rubio es antigua alumna del Colegio Libre Micael, ilustradora y escritora. Con motivo de la publicación de su primera novela, Volverán como fuego por la editorial Random House, conversamos con ella sobre su trayectoria, desde sus años en el colegio hasta sus experiencias en Inglaterra y Estados Unidos, y sobre cómo la educación recibida ha influido en su manera de entender el arte, la creatividad y la vida.
Foto autora, Isabel Wagemann
Ayesha, cuéntanos ¿Qué recuerdos guardas de tus años como estudiante en la escuela Libre Micael?
Creo que fuimos la primera generación que estuvo desde primero hasta terminar la etapa escolar. Tuvimos como tutor a Antonio Malagón, a quien quiero muchísimo y guardo un cariño especial.
Con el tiempo me he dado cuenta de lo privilegiada que fui por haber estudiado en una escuela Waldorf. Cuando eres pequeño no lo ves así, porque es tu colegio y es lo normal. Pero cuando creces y puedes comparar con otros modelos educativos, empiezas a valorar muchas cosas.
Creo que fue una experiencia muy positiva para mí. Se potenciaba mucho la parte artística y creativa, pero no solo pensando en quienes acabaríamos dedicándonos al arte. La creatividad es necesaria en cualquier profesión y, de hecho, de nuestra clase salieron personas que eligieron caminos profesionales muy diferentes.
También valoro mucho la comunidad que se generaba. Yo era una niña muy tímida y recuerdo aquella comunidad como algo muy bonito.
¿Y qué ocurrió cuando terminaste el colegio? ¿Tenías claro que querías dedicarte al arte?
Hice el Bachillerato Artístico junto con otras compañeras. Después empecé a estudiar escultura, aunque enseguida entré en Bellas Artes.
El dibujo siempre había sido lo que me salía de manera más natural, pero me interesaban muchas disciplinas. Me gustaba la escultura, la fotografía, el vídeo y, especialmente, el cine. Incluso hice un curso de escenografía para cine, teatro y televisión.
Creo que buscaba una disciplina que reuniera todas las cosas que me gustaban. El cine tiene esa capacidad: combina dibujo, escultura, fotografía y narrativa.
Curiosamente, la narrativa había estado presente en mi vida desde pequeña. Me encantaba inventar cuentos, escribirlos y dibujarlos, pero era algo tan natural para mí que nunca le había prestado demasiada atención. Ahora es precisamente hacia donde estoy dirigiendo gran parte de mi trabajo.
Tu trayectoria también te ha llevado a vivir fuera de España. ¿Cómo comenzó esa aventura?
Durante la carrera me fui de Erasmus a Inglaterra, a Leeds, y terminé quedándome allí varios años. Siempre había tenido curiosidad por conocer otros lugares y otras culturas, especialmente por mis intereses artísticos.
Después intenté estudiar animación en Barcelona, pero no salió como esperaba y regresé a Inglaterra.
En un momento de crisis personal decidí hacer algo que llevaba mucho tiempo queriendo: viajar a Estados Unidos. Cogí una mochila y me fui sola durante dos meses a recorrer la costa oeste, desde el norte hasta el sur, de la manera más económica posible.
Fue un viaje muy enriquecedor. Hacía couchsurfing (dormir grátis en el sofá de una casa), me alojaba en casas de personas que no conocía y fui encontrándome con gente maravillosa. Con algunas de aquellas personas todavía mantengo el contacto.
Viajar sola también me permitió observar mucho. Estaba muy atenta a todo lo que ocurría a mi alrededor.
Después seguí regresando a Estados Unidos. Tenía unos amigos de mi madre en Arizona que terminaron convirtiéndose en mi familia allí. Y también me enamoré, así que durante años estuve yendo y viniendo.
Esa mirada de alguien que llega de fuera parece haber influido mucho en tu primera novela, Volverán como fuego. ¿Qué nos puedes contar sobre ella?
Sí, completamente. Aunque con el tiempo fui construyendo una vida allí, nunca dejé de sentir cierta distancia, esa mirada de alguien que observa desde fuera.
Volverán como fuego es una especie de radiografía emocional de Estados Unidos. A través de la ficción intento comprender cómo se ha construido esa sociedad a lo largo de la historia y qué la ha llevado hasta donde está hoy.
Estados Unidos es un país de enormes contrastes, construido a partir de personas que llegaron desde otros lugares, algunas por voluntad propia y otras obligadas.
Esa mirada desde fuera me permitió observar la realidad desde distintos ángulos. Pero, sobre todo, escribir el libro fue un ejercicio de empatía.
Para mí, escribir ficción consiste en ponerse en los zapatos de otra persona. Aunque no hablemos directamente de nosotros mismos, siempre hay algo de nuestra experiencia y nuestras emociones en lo que contamos. De hecho, algunas personas que me conocen han reconocido mi forma de mirar, de narrar y de observar en las historias del libro.
Creo que la empatía es una capacidad profundamente humana que deberíamos desarrollar mucho más en nuestra vida diaria, porque es lo que nos conecta unos con otros.
Además de escribir, sigues trabajando como ilustradora. ¿Qué crees que hace reconocibles tus ilustraciones?
Creo que la empatía también está muy presente en mi manera de ilustrar. Me interesa conectar con los personajes y con las historias que estoy contando.
Gráficamente, quizá eso se refleje en la expresividad de los personajes y en el uso del color. Los colores siempre están asociados a emociones y, con los años, he ido construyendo mi propia paleta para transmitir determinadas atmósferas.
También me encanta dibujar animales. Tengo especial cariño por los cuervos. Cuando estuve en Estados Unidos hice amistad con uno y desde entonces todavía me gustan más. Son animales muy inteligentes.
Créditos: Los guardianes del bosque, editado por Errata Naturae
Volviendo a tus años escolares, ¿cómo viviste el paso de la educación Waldorf a un sistema educativo diferente?
¡Con muchísimo miedo! Recuerdo pensar: Pero si yo no he visto un libro de texto en mi vida, ¿qué va a pasar ahora?.
Me preocupaba enfrentarme a otra manera de estudiar y de evaluar. Sin embargo, cuando llegué al Bachillerato Artístico y después a Bellas Artes, no tuve ningún problema. Me sentí muy bien.
Con el tiempo he hablado con antiguos compañeros y muchos tuvieron experiencias parecidas. Existía cierto miedo a que tuviéramos carencias por haber estudiado de una manera diferente, pero no fue así.
Creo que la educación Waldorf es una educación muy completa. Aunque aprendas desde otro punto de vista, estás aprendiendo, y además de una forma muy rica.
Si tuvieras que dibujar aquello que más valoras de tu paso por el colegio, ¿qué representarías?
No sé si elegiría un momento concreto, porque creo que es el conjunto de muchas cosas pequeñas.
Pero hay algo que recuerdo especialmente: que para nosotros era tan importante tejer un jersey como aprender matemáticas.
Creo que eso tiene un valor enorme.
Si no eras especialmente buena en matemáticas, como era mi caso, pero te gustaba dibujar, tu capacidad para el dibujo no tenía menos valor. Lo mismo ocurría con tejer, cuidar la huerta o hacer un cuenco de metal.
Todas esas actividades tenían importancia y eso hacía que cada persona pudiera encontrar su lugar.
Creo que uno de los grandes valores de la escuela Waldorf es precisamente ese: reconocer que cada persona tiene capacidades diferentes y que todas merecen ser valoradas.
Aprendes de todo, porque todo te va a servir, pero también se trata de potenciar aquello que cada uno lleva dentro, lo que le gusta y lo que le mueve.
Eso es lo que dibujaría.
Créditos: Volverán como fuego, editado por Random House
Ahora que has publicado tu primera novela, ¿cómo ha sido el proceso de convertirte también en escritora?
Ha sido un camino curioso, porque llegué a la escritura casi por casualidad.
Cuando regresé de Estados Unidos estaba pasando por un momento emocionalmente complicado y decidí apuntarme a un taller de escritura creativa.
Quería darme permiso para probar algo nuevo, hacer algo que aparentemente no sirviera para nada.
Y creo que eso también es muy importante en la vida: hacer cosas que no tengan necesariamente una finalidad práctica. Aunque, en realidad, para uno mismo siempre sirven.
Cuando empecé a escribir descubrí que tenía la necesidad de contar aquellas historias sobre Estados Unidos.
El proceso ha sido exigente emocionalmente. Escribir sobre determinadas experiencias y tratar de comprenderlas desde la perspectiva de otras personas no siempre ha sido fácil.
También ha supuesto muchísimo trabajo de documentación. He leído una barbaridad para construir las historias, pero esa parte me ha encantado. ¡Ahora soy adicta a documentarme!
Lo bonito es que algunos retos, aunque al principio parezcan difíciles, pueden terminar convirtiéndose en algo que te apasiona.
Para terminar, ¿qué les dirías a los alumnos que están a punto de terminar su etapa escolar y tienen que decidir qué camino seguir?
Lo primero, que son muy afortunados por haber estudiado en una escuela Waldorf.
Y después les diría que intenten elegir aquello con lo que realmente vibran, lo que más les gusta y les mueve.
Cuando conviertes algo en tu profesión, vas a dedicarle muchísimas horas. Tienes que quererlo, tenerle cariño, porque vas a convivir con ello durante mucho tiempo.
Es verdad que a veces elegimos por practicidad, porque necesitamos ganarnos la vida, y eso es completamente comprensible. Pero tampoco hay garantías de que escoger una profesión aparentemente más segura vaya a asegurarnos un futuro.
Yo creo que hay que elegir un poco con el corazón.
Además, la vida es muy larga. Podemos cambiar de rumbo, reinventarnos y combinar disciplinas. Nada de lo que aprendemos se pierde necesariamente, aunque después terminemos dedicándonos a otra cosa.
Así que les diría que vayan a por aquello que les gusta, que sean un poco cabezotas si hace falta, pero que tampoco tengan miedo de cambiar cuando descubran otros caminos.
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Sobre Ayesha Rubio
Ayesha Rubio es ilustradora y escritora, antigua alumna del Colegio Waldorf. A lo largo de su trayectoria ha explorado diferentes disciplinas artísticas, desde el dibujo y la ilustración hasta la narrativa. Actualmente compagina su trabajo como ilustradora con la promoción de su primera obra narrativa, Volverán como fuego, y explora nuevas oportunidades relacionadas con la enseñanza.
Su libro puede solicitarse en librerías y a través de la editorial.
Narrativa: Volverán como fuego // Instagram Narrativa
Página web Ilustración // Instagram Ilustración
email: ayeshalrubio@gmail.com